lunes, 10 de septiembre de 2012

La salud en la Edad Media


Las epidemias
La lepra y la viruela se propagaron a principios del siglo VI, variando su intensidad hasta casi desaparecer entre los siglos IX y XI.
Una tercera epidemia azoto a Europa: La peste bubónica, que consistía en la aparición de ganglios como nueces y posteriormente una fiebre insoportable que terminaba con la muerte.
A medida que desaparecían las antiguas enfermedades aparecieron 2 nuevas, el fuego sacro y la gripe.
El fuego sacro podía se producía por ingerir centeno mesclado con harina, que daba paso a dos formas de enfermedad, convulsiva o gangrenosa.
Los síntomas de la gripe eran fiebre, problemas oculares y tos.
En el siglo XII comenzaron a volver enfermedades antiguas, la lepra y la viruela.
En este siglo aparece el escorbuto, provocado por comer muchas carnes y pescados salados. Este afecto principalmente a el ejercito Francés de Luis IX.
La peste Negra.
Era probablemente de origen asiático, pero nunca fue mencionada en textos orientales hasta su aparición en 1346, a orillas del mar negro.
Al principio se manifestó en forma bubónica, con problemas pulmonares, hemorragias leves y disminuía su intensidad en invierno.
Las consecuencias demográficas fueron considerables, ya que esta peste redujo la población de muchos sectores.
No solo se produjo un daño demográfico enorme, si no que también económico, social y mental. Los sobrevivientes de la peste se enriquecieron a costa de herencias de sus parientes, lo que provoco un desorden su modo de vivir.
Hubo 12 pestes en el siglo XV, tres de ellas muy virulentas en 1412, 1439 y 1482.
La mayoría de las epidemias avanzaron generalmente, a excepción del fuego sacro y la lepra.
Enfermedades como la tos ferina y la gripe aumentaron su frecuencia en esta época.
A fines del siglo XV apareció la sífilis, casi inmediatamente la población se dio cuenta de que era una enfermedad de transmisión sexual.
Los Progresos de la Medicina
http://www.iqb.es/galeria/historia/bpics/orina.jpgEn los inicios de la Alta Edad Media, existía todavía la Teoría de los Cuatro Humores, y se tenía una visión astrológica de la medicina. Sin embargo, la medicina se tornó a una mirada metódica, donde lo único que importaba era el tratamiento de las enfermedades, dentro del carácter monástico, es decir de monjes, que predominó en la salud medieval. En el cual se encuentra el análisis de pulso y orina.
Los únicos recursos para el estudio en Europa de la medicina, eran recetas de remedios e indicaciones de tratamientos de enfermedades que se presentaban en escritos antiguos y solos se conocían en los monasterios. Se tradujeron al latín textos de origen árabe, que eran excelentes fuentes para el conocimiento.
Muy ligada a la religión, se acostumbraba a llevar amuletos de protección y utilizar imágenes de santos para los casos extremos, como en los partos, se acostumbraba encomendarse a Santa Margarita y colocar estampillas de santos en el vientre de la madre.
Avance en el Conocimiento
La escuela de Salerno, fue la primera en la Edad Media, y todo médico graduado tenía que ser certificado por esta escuela para poder ejercer.  Entre las primeras Universidades que dieron esta carrera, se encuentran la de Boloña, París y Montpellier
 El emperador sacro Federico II promulgó el reglamento para el ejercicio de la medicina, donde establecía que cualquier estudiante de medicina, tenía que haber al menos estudiado tres años de la ciencia de la lógica para después seguir con los estudios de medicina por cinco años.
La medicina se tornó hacia un carácter laico, debido a como la disciplina ya se enseñaba en las principales Universidades europeas, estaba abierta no solo a los monjes sino también a los laicos.

Hospitales
Antes de conocer los hospitales de hoy en día, lo que eran antiguamente se conocían como albergues u hospicios monásticos, donde el objetivo principal era el cuidado y tratamiento de heridas o enfermedades a los enfermos más graves, también muchos de los partos de la época se realizaban en las mismas casas.
Los hospitales de la época se encargaban de los enfermos mortales, leves y las salas de las parteras, tenían grandes salas y lavanderías, y se utilizaban la iluminación por lámparas de aceite mayormente.
Los hospitales recibían mucha ayuda del clero, la nobleza y la burguesía de la época, grupos de los cuales entregaban camas y objetos de más valor para su uso en estas instituciones de salud, del mismo modo aportaban económicamente a la mantención de estos.
La exclusión como remedio
http://www.bibleview.org/en/Bible/Prophets/Naaman/normal.jpgEn el caso de los leprosos y los locos, especialmente en los últimos, prevalecía la exclusión.
La lepra es una enfermedad infecciosa causada por un peligroso microbio, el bacilo llamado de Hansen.
Por su puesto, en aquella época esta causa aún no se conocía. Los textos médicos publicados entre 1180 y 1340 se apoyaban básicamente en los trabajos de Avicena, quien fue un médico, filósofo y científico persa. Mencionaba la atrabilis, uno de los cuatro humores principales del organismo viviente.
Las divergencias entre los médicos eran muchas, y algunas opiniones eran bastante graciosas, en partículas cuando se referían a los factores alimentarios.
Algunas de las causas, según el médico francés Bernard de Gordon, podían ser:
·           Si la contrae antes del nacimiento:
Por corrupciones durante la concepción o gestación del bebé (como tener relaciones durante la menstruación o una mujer embarazada con un leproso)
·           Si es después del nacimiento:
Porque el aire es malo, pestilente, está contaminado.
Se consumen continuamente alimentos melancólicos, como lentejas y otras legumbres, o carnes de oso, liebre o animales salvajes.
También proviene de una excesiva frecuentación de leprosos, de una relación sexual con una leprosa, y el que se acuesta con una mujer que acaba de acostarse con un leproso, se vuelve leproso.
Los clérigos aceptaban con reservas la idea de la lepra sanción, y entre el final del siglo XI y la mitad del siglo XIII, la enfermedad adquirió un significado más positivo y contradictorio: era una imagen de pecado, pero a la vez una invitación a la conversión, un recordatorio de los sufrimientos de Cristo.
El franciscano Guibert de Tournai, quien dedicó tres de sus sermones “a los leprosos y a los rechazados” se diferenció del Obispo Jacques de Vitry y del dominico Humbert de Romans. Mientras Jacques de Vitry relacionaba a los leprosos con los demás enfermos, Guilbert separaba sus palabras destinadas a los pobres y a los enfermos, de la que reservaba para los leprosos y humillados. Como consecuencia de esta diferencia, se produjo el rechazo.
El cardenal Eudes de Châteauroux fue aún más lejos en un sermón pronunciado en una leprosería (hospital de leprosos). El tema tomaba las palabras de Dios: “Le di una casa en la soledad…”. Dios aislaba a los leprosos por amor.
La imagen del buen leproso, símbolo del Cristo sufriente, era reemplazada cada vez más por una representación muy diferente, que se veía tanto en los textos literarios como en otros documentos.
En 1321, se rompió el equilibrio entre caridad y exclusión de los leprosos, “de las fantasías a la masacre”. Se acusaba a los leprosos de querer envenenar o contaminar a los cristianos. En Périgueux, Francia, se produjeron los primeros arrestos.
El rey generalizó las persecuciones, en las cuales los leprosos eran condenados a la hoguera y quemados, tanto hombres como mujeres. Algunas de éstas tenían niños muy pequeños, y no obedeciendo la decisión del juez, los llevaron con ellas a la hoguera, los pusieron debajo de ellas y los protegieron del fuego, mientras fue posible. Luego los quince leprosos que quedaban, mujeres embarazadas y sus hijos, niños y niñas, fueron encerrados en una leprosería, para terminar allí sus días a pan y agua. Al entrar a la casa fueron marcados con hierro candente en el hombro, para que si escapaban, fuesen reconocidos entre los demás.

Los leprosos se les permitía acercarse a las ciudades pero siempre fijándole límites. No podían ingresar a la ciudad sin autorización. En cambio, tenían derecho a ir al campo, con la condición de no entrar en ninguna vivienda. Ocupaban una ropa e insignia especial para que los demás supieran que ellos estaban enfermos.
Pero la medicina reaccionó. Muchas leproserías albergaron a una gran cantidad de esos desdichados excluidos. Estos hogares aumentaron en número entre 1250 y 1350 aprox. Los leprosos se diferenciaban de los demás enfermos en el sentido de que su permanencia en los establecimientos se prolongaba durante mucho tiempo, meses, y hasta años. Estos leprosos dieron origen a las leproserías, las cuales, entre 1150 y 1250, tuvieron un aumento con la primera gran ola de fundaciones. Esta enorme cantidad de leproserías constituía la señal de un importante aumento de la cantidad de enfermos.
Finalmente, no se aplicó ninguna política global para los leprosos, ya que ninguna funcionaba a su 100%. Igualmente la sociedad los rechazaba sin vacilar. Y el contexto político y económico de los siglos XIV y XV provocó un deterioro de las leproserías. El estado de abandono de muchas de ellas dejó a los enfermos en asilos lamentables.
Los locos
La sociedad medieval creo ante ellos una actitud compleja. No es malo destacar que a veces les prestaban atención y cuidados, pero al mismo tiempo  se hacían otra imagen de ellos.
En el 70% de los relatos de milagros referente a Francia en el siglo XI y XII, esta enfermedad se relacionaba mucho con el demonio, mientras que otros textos insistían en desequilibrio mental. Los hagiógrafos (personas que estudian la vida de los santos) decían que la locura era una enfermedad, como posesión, por lo general como una posesión demoníaca.
Se consideraba un hombre impuro a demás de ser muy peligrosos, asique se evitaba el contacto con él, por lo tanto la mejor solución era encerrarlos. Se fueron convirtiendo en seres completamente marginados.
En el siglo XIII  el Gran consuetudinario de Normandía  dedico un capitulo entero a los locos, pero él se preocupaba mucho más  de la paz pública que del enfermo. Así de simple, si un loco mataba o hería a alguien se iba a prisión, a demás tenían derecho a encerrarlos y hasta atarlos. Si se consideraba que era capaz de llevar a cabo un crimen, se dejaba al cuidado de parientes, vecinos o amigos los que también se dejaban sus bienes.
A fines de la edad media el tema de los locos ya estaba bien organizado por el plan jurídico. Si un enfermo mental, era incapaz de valerse por sí mismo, dicho esto por familiares, se desganaría a una persona para que lo ayudara y curara, además se hacia cargo de sus bienes. Pero antes se tenía que hacer una investigación profunda, luego comunicarlo públicamente.
El derecho canónico, por su parte, no admitía el acceso de los locos a los sacramentos. Se decía que “ni un loco y ni una loca pueden contraer matrimonio”  decreto que fue terminado en 1142. Se decía que uno tenía que razonar para poder contraer esa unión. Por lo tanto, todos aquellos que a la edad normal del matrimonio, sufrían ya trastornos mentales, estaban condenados al celibato, lo que agravaba mas su enfermedad, por que se empezaban a sentir solos.
Siguiendo con el tema el loco no podía acceder ni al matrimonio ni a la eucaristía por lo tanto se encontraban marginados.
En las costumbres de beauvaisis, que se escribió entre 1279 y 1283, Philips de beaumaoir señalaba: “los locos furiosos deben ser atados por los que los cuidan y todos deben colaborar con ello, para evitar los daños que podrían causar, porque  no tardarían en matarse o en matar a los demás”
Las cárceles donde encerraban a los locos si es que cometían un crimen, se asemejaba a un purgatorio: era un lugar intermedio, que separaba al paraíso y al infierno.
Como en los leprosos, la medicina por podía ser indiferente, el primer hospital de Occidente que recibió a los locos, parece haber sido el Montpellier. Este hospital decía “Si  hay locos en la cuidad, los recibiréis y buscareis el origen de su locura para encontrarle remedio. Los pondréis solos para que no se hagan daño unos con otros”
En conclusión la medicina fue avanzando y experimentó algunos progresos.

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